Un poco de historia: El perro gris

Martes 25 de octubre de 2011
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OCT

Continuación de la entrega anterior.

La carrera académica de Malcolm fue como poco, breve.

Un día entró en clase con un sombrero, deliberadamente. El profesor le permitió dejárselo puesto y caminar al rededor de la clase hasta que le interrumpió. 

"Hacia allí. Todos pueden verte. Mientras tanto, nosotros seguiremos con la clase para aquellos que sí quieren aprender algo."

El profesor se levantó de la silla y se giró hacia la pizarra para escribir algo. Momento en el que Malcolm pasaba tras su mesa, a vista de todos, cogiendo una chincheta y depositándola en la silla.

Cuando se dio la vuelta para sentarse, Malcolm ya estaba lejos de la escena del crimen, al otro lado de la clase, desapareciendo por la puerta cuando, de fondo, los gritos y sollozos del profesor retumbaban por el pasillo.

Naturalmente, eso le costó la expulsión del colegio. Y el hecho de que ya no fuese al colegio significaba que tampoco tenía porque estar en casa de los Gohanass. 

Malcolm fue recogido de allí y llevado al juzgado, donde se le envió a un reformatorio. Tenía 13 años.

Previamente, debía convivir en arresto domiciliario en un hogar con otros chicos, regentado por el matrimonio Swerlin, una afable pareja a quienes Malcolm cayó en gracia desde el primer instante.

Según llegaban las fechas de los otros jóvenes, se iban al reformatorio, pero cuando llegó la de Malcolm, una, dos, tres veces... Era siempre ignorado. Él sabía que la señora Swerlin tenía algo que ver. Y estaba agradecido. 

Un día le dijo que iba a entrar en el colegio Mason Junior High School, el único colegio de la ciudad.

Allí eran sólo unos pocos negros, muy respetados, e incluso los blancos de aquél lugar le parecían a Malcolm más amigables que los de su ciudad natal, Lansing.

Gracias al prestigio de la señora Swerlin, era raro el día en que a Malcolm no se le ofreciera algún tipo de actividad extraescolar al que unirse o liderar, a los que nunca se negaba.

No pasó mucho tiempo hasta que la señora Swerling, consciente de que Malcolm podía gastar dinero por sí mismo, le consiguió un trabajo a media jornada tras el colegio, fregando los platos en un restaurante, el cual era propiedad del padre de un chico blanco con el que pasaba mucho tiempo.

El ser responsable de su propio dinero le hacía sentir gigante. En cuanto pudo permitírselo, se compró un traje verde y unos zapatos, y compraba detalles a sus compañeros de clase.

En el colegio, las asignaturas de inglés e historia eran sus preferidas, y era realmente malo para las matemáticas.  El profesor de inglés, el señor Ostrowski, siempre hablaba de ser algo en la vida, mientras que el de historia, el señor Williams, era muy habitual de los chistes sobre negros.

Un día, durante la primera semana de clase, Malcolm entró en el aula y el profesor comenzó a cantar, como broma: "De camino a los campos de algodón, algunos dicen que los negros no robarán". Le encantaba la historia, aunque no el profesor.  Un día llegaron a la parte sobre historia negra. Era de un párrafo.

Otra cosa que le apasionaba era el baloncesto, donde destacaba ligeramente. A menudo, entre los partidos habían bailes de colegio.

De algún modo, Malcolm se sentía cohibido, avergonzado, como si pensara que la "mascota" no debería bailar con las chicas blancas.

Se trataba de algún tipo de mensaje psíquico. No tanto de los demás como desde dentro de sí mismo. Se limitaba a beber ponche y comer sandwiches, previamente a poner cualquier excusa para escabullirse silenciosamente.

Pero le daba muchas vueltas a algo muy peculiar. Muchos de los chicos blancos de Mason, con los que pasaba tiempo y se llevaban bien, solían meterle en un rincón y presionarle para liarse con ciertas chicas blancas, a veces sus propias hermanas. Solían decirle que ya se habían liado con ellas, incluso sus hermanas, o que lo habían intentado pero no pudieron. Tiempo después llegó a entender lo que estaba pasando: si llegaban a poner a las chicas en la posición de romper el terrible tabú de relacionarse con Malcolm, ellos tendrían ese poder sobre las chicas, para poder chantajearlas.

No obstante, siempre intentaba evitar todo el tema de las chicas blancas, por el momento.

En segundo semestre del noveno curso, fue elegido presidente de la clase. Le sorprendió más a él que a los demás, aunque fácilmente tenían que ver sus notas: de las mejores del colegio. Y era orgulloso de ser negro, aunque intentaba con todas sus fuerzas... ser blanco.

Y no podía evitarlo, especialmente tras ir al cine a ver "Lo que el viento se llevó". Era el único negro de la sala, y cuando Butterfly McQueen entró en escena, Malcolm quería meterse bajo la moqueta.

 

Cada Sábado, Malcolm iba a Lansing a ver a sus hermanos, y aunque no solían hablar de su madre, eventualmente iban todos a Kalamazoo a verla. Solían ser visitas de cortesía pues era tremendamente doloroso e incómodo para todos ellos.  

Pero pronto harían una visita un tanto especial: con su hermana Ella, fruto de una relación anterior de su padre. Ella había venido desde Boston para ver a sus hermanos, tras intercambiar algunas cartas.

Ella y Malcolm conectaron rápido, y le sugirió que pasara el verano con ella en Boston. Sin comerlo ni beberlo, estaba montado en el autobús con su traje verde. Era el año 1940.

Tras un día y medio en el asiento -por supuesto, de la parte de atrás del autobús- Malcolm llegó a Boston, Massachusetts.

Para él era extraordinario. Era una gran ciudad viva, y él era parte de ello ahora. La música jazz inundaba la noche a la vez que las luces de neón, el olor de comida afroamericana procedente de los restaurantes y el sonido de los coches que conducían.

Las mejores bandas tocaban en el Roseland State Ballroom. Una noche para negros, la siguiente para blancos.

 

Tras ese verano, al volver a Mason, Malcolm ya lo era el mismo. Era consciente de que algo había cambiado dentro de él. Era el sentirse parte realmente de su propio colectivo, de su propia gente.

Las personas cercanas a él se dieron cuenta de su cambio, y aunque seguía manteniendo unas muy buenas notas, ocurrió algo que le marcó.

Por alguna razón, se encontró en clase a solas con el señor Ostrowski, el profesor de inglés. Aunque Malcolm sintió que su consejo ese día era legítimo, no pudo evitar sentir lo que sintió. Le dijo: "Malcolm, deberías estar ya pensando en alguna carrera. ¿Lo has pensado?"

"Bueno, sí, señor, me gustaría ser abogado", contestó. No había ningún abogado negro en Lansing, ni tampoco médico, pero desde luego un abogado no fregaba platos sucios.

El señor Ostrowski se mostró sorprendido, y rascándose tras la cabeza y con una media sonrisa, le dijo:

"Malcolm, una de las principales necesidades en esta vida es la de ser realista. No me malinterpretes. A todos nos gustas, lo sabes, pero tienes que ser realista a cerca de ser un negro. Un abogado... eso no es una meta realista para un negro. Debes pensar en algo que puedas ser. Eres bueno con tus manos, creando cosas. Todos admiran tu trabajo en el taller de carpintería. ¿Por qué no te haces carpintero? a la gente le gustas como persona, seguro que tendrías mucho trabajo."

Cuanto más pensaba lo que el señor Ostrowski le había dicho, más le incomodaba. Él animaba a todos a ser lo que quisieran ser, a arriesgarse, a tomar su propio camino. Y ninguno tenía unas notas tan buenas como las de Malcolm.

Era evidente que era más listo que los demás, pero de algún modo no lo suficientemente inteligente, bajo sus ojos, para ser lo que él quisiera ser.

Fue entonces cuando empezó a cambiar. Se alejó de los blancos, y en clase respondía sólo cuando le llamaban. Cuando antes le resvalaba que le llamaran negro, ahora le perturbaba, y miraba fijamente a quien se lo hubiera dicho. Se sorprendían de que fuese así.

Un día, poco después, la señora Swerlin le llamó al salón, y allí estaba un tipo del estado, como el que le habia recogido de su casa para llevarle al juzgado. Malcolm sabía que algo estaba a punto de ocurrir, a juzgar por sus caras.

La señora Swerlin le dijo que no entendían por qué, después de tan buenas notas y tan buen rendimiento en el colegio y en el trabajo, parecía que de repente ya no era feliz allí. Dijo que no había razón para que siguiera en arresto domiciliario y que habían hecho los trámites para que fuese a vivir con la familia Lyons, a quienes le gustaban mucho. Ella se levantó y le tendió la mano. "Creo que te lo he preguntado cien veces, Malcolm ¿Puedes decirme qué ocurre? preguntó.

"Nada, señora Swerlin" respondió, agitando su mano. Bajó las escaleras y en la puerta del comedor, la vio secándose los ojos. Malcolm se sintió muy mal. Le dio las gracias y partió. 

Tampoco estaba cómodo en casa de los Lyons, a quienes tampoco era capaz de explicarles qué le ocurría. En un acto intuitivo, escribió a su hermana Ella diciéndole que quería irse a vivir con ella a Boston.

No se sabe cómo, pero Ella gestionó la custodia para Malcolm y la semana en que terminó el octavo curso estaba de nuevo en ese autobús, en la parte de atrás.

 

 

Continuará...

 

Texto:Ion

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